Tetaserpu no era un creador tradicional. No tenía cámara de 4 K ni luces de estudio; su “estudio” era el viejo sofá de la abuela, el celular que había heredado de su hermano mayor y una conexión a internet que a veces parecía más lenta que una llama caminando por el Altiplano. Sin embargo, eso nunca lo detuvo. Cada domingo, después de la misa y de la ronda de chicha, se sentaba frente al ordenador y comenzaba a curar su , una colección de videos raros, divertidos y profundamente peruanos que él mismo llamaba “caseros de corazón” .