Lauren Green caminaba por las calles de sintiendo que el aire gélido de la ciudad no era nada comparado con el frío que le recorría la espalda al entrar en el imponente edificio de cristal de los Hermanos Walker. Había luchado años por un puesto así, pero el destino le tenía preparada una trampa cruel: su nuevo jefe era Silas Walker, el mismo chico que había hecho de su adolescencia un infierno.