Mara sonrió. No era una herramienta de hackeo, sino un rompecabezas. Pasó la noche descifrando. Cada verso era una pista que la llevó por notas escondidas en la biblioteca municipal: un libro olvidado con páginas marcadas, un mural con números trazados en la esquina, un viejo diario que hablaba de una resistencia de archivistas durante un apagón masivo.